Wednesday :: 26 / 11 / 2014

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Central Santa Juana: marca la historia del Turabo

La región oriental de Puerto Rico, específicamente los pueblos de Caguas, Gurabo y Juncos, se destacó a principios del siglo 20 por ser una zona importante para la elaboración del azúcar, y la Central Santa Juana, localizada en los terrenos que hoy confor


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Por Verónica Torres Oquendo
Escuela de Comunicación, UPR de Río Piedras

En 1898, luego de la Guerra Hispanoamericana, se comenzaron a establecer centrales en el País por dueños ausentes. Santa Juana operó durante los primeros cincuenta años en que el azúcar era el factor económico más poderoso en Puerto Rico.

La Central Santa Juana fue fundada por un grupo de belgas franceses en 1906, quienes manifestaron interés en implantar una industria de azúcar en la Isla. Los belgas pertenecían a una corporación creada en Bruselas, la cual creó en Puerto Rico la Sociedad Anónima de Azúcares de San Juan (Societé Anónyme des Sucreries de Saint Jean). Al feminizarse el nombre por los habitantes, la central llegó a llamarse Santa Juana.

La incorporación de la compañía belga significó para la zona oriental un gran auge en el aspecto económico. Muchos negocios de ropa y comida se construyeron alrededor de la Central. A pesar del progreso económico, los belgas vivían con gran sencillez y los hijos de los administradores y los de los obreros estudiaban en una escuelita establecida en los predios de la Central.

A consecuencia del descenso en los precios del azúcar, la central Santa Juana fue vendida en 1927 a la organización United Porto Rican Sugar Company, quienes además adquirieron las centrales La Defensa y tierras en Vieques, y en 1928, la Pasto Viejo en Humacao. La United Porto Rican llegó a ser una de las compañías azucareras norteamericanas más importantes para Puerto Rico, al producir en la isla más del 50 por ciento del azúcar molida.

Según Juan Pastoriza, director del Museo y Centro de Estudios Humanísticos en la UT (MCEH), el interés por el azúcar como fuente económica comenzó a declinar, pues en otros países se comenzó a reproducir dicho alimento. En Europa se extraía azúcar de la remolacha. Durante esa época hubo varios desastres, como la depresión del 29, los huracanes San Ciprián y San Felipe y las Huelgas Cañeras de 1934. Como costaba demasiado producir azúcar, muchas empresas comenzaron a irse. La corporación se reorganizó con el nombre de Eastern Sugar Associates.

Luego de una fallida fusión de esta compañía y la Fajardo Sugar Company, la central pasó a manos de una empresa hawaiana.

La C. Brewer de Hawaii era una de las cinco grandes empresas en dicho país. Los administradores de la compañía intentaron varias estrategias para producir más y mejor caña en Puerto Rico: comenzaron un nuevo programa de fertilización, trajeron 20 variedades de caña de su país, y trataron de extender la época de la molienda, que en Hawaii dura de diez a once meses, mientras que en Puerto Rico dura cinco meses como máximo. Dichos mecanismos fracasaron, tanto por la escasez de obreros como por las condiciones climáticas de Puerto Rico, que son diferentes a las de Hawaii.

A pesar de todo, C. Brewer permaneció en la Isla como una de las más grandes empresas de azúcar. Más tarde, ante la inminente urbanización de la región oriental, y la poca cosecha de cañas, la Central Santa Juana cesó sus funciones en 1965, y en 1967 cerró definitivamente, afectando las vidas de tantos cagüeños y gurabeños. En ese mismo año, C.Brewer vende los terrenos y las casas al Sistema Universitario Ana G. Méndez (SUAGM) para establecer un recinto de lo que se denominaba el Puerto Rico Junior College. En 1971, ese recinto pasó a llamarse Colegio Universitario del Turabo.

En la actualidad, la Universidad del Turabo cuenta con tres de las cinco casas que conformaron Santa Juana ya que dos de las mismas fueron destruidas por el huracán Hugo en 1989. Las tres casas restantes pertenecen ahora al Museo y Centro de Estudios Humanísticos , la Casa Museo Ana G. Méndez, y la Casa Rectoría, todas adscritas a la UT. Las casas fueron construidas con pino californiano, el cual resiste las termitas y el comején, y son constantemente fumigadas para protegerlas de dichos insectos y de las ratas, Las mismas son constantemente inspeccionadas por la universidad.

Según relata Pastoriza, la Junta de Planificación reconoció la Casa Rectoría a evaluación para declararla monumento histórico. El proceso se sometió en el 1996 y, a finales de la década de los noventa, la declaración fue ratificada. Ahora se vislumbra solicitar que la entidad Historical Houses en Washington, reconozca estos edificios como casas históricas.

Pastoriza señala que la Central Santa Juana tuvo un gran impacto económico para todos los que dependían de ella. "La historia de la caña se está escribiendo en estos momentos. Hay mucho por decirse todavía sobre este tema", aseveró.

En las fotos:

1. Casa Rectoría
2. Casa Museo Ana G. Méndez
3. Museo y Centro de Estudios Humanísticos







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