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06/06/2007
Quien alguna vez pasó por un recinto universitario conoce que hacer trampa es una de las prácticas más utilizadas por muchos estudiantes como una manera de sobrevivir a las pesadas cargas académicas y personales, o simplemente por la comodidad de aprobar
Brenda I. Peña López
Redacción Universia Puerto Rico
Pero el fraude académico en las Universidades de los Estados Unidos es más serio que eso, y así lo demuestra un estudio realizado con 30,000 universitarios norteamericanos, que reveló que seis de cada diez estudiantes (casi el 61 por ciento) hacen trampa para pasar sus exámenes. Los resultados de la investigación hecha por el sitio web College Humor apuntan también a que poco menos de la mitad (el 46 por ciento) acepta ayudar implícitamente a otro a cometerlo; y aunque el 77 por ciento de los alumnos no piden nada a cambio, existe un margen de 4 por ciento que pide dinero y otro 12 que se hace pagar con relaciones sexuales.
El estudio además reveló que el sólo el 16.5 por ciento, un mínimo de la población estudiantil, tiene remordimientos por lo mismo.
Por otro lado, los resultados, señalan que los hombres hacen trampa con mayor frecuencia que las mujeres: 65 por ciento versus 42, respectivamente.
A juicio de Ricky Van Veen, editor en jefe de College Humor, entidad que condujo el estudio, ni la religión ni los remordimientos frenan a estos estudiantes cuando proponen aprobar una materia. "Es más quienes se dicen religiosos hacen más trampa (65 por ciento) que quienes no lo son (58.3 por ciento)", destacó.
Además resaltó que "curiosamente, hemos descubierto que los tramposos aprueban y que quienes aprueban hacen trampa a menudo".
¿Cómo lo hacen? Aunque la tecnología ha servido mucho en la perfección de las estrategias, las técnicas preferidas por los estudiantes que ejercen esta práctica parecen ser las viejas: mirar por encima del hombro del compañero del lado, empleado, según el estudio, por el 14.5 por ciento, y conseguir la prueba de un estudiante que acaba de tomarla, como lo hace el 9 por ciento. No obstante, el 11 por ciento se van por mañas más a tono cono los tiempos y almacenan las respuestas en una calculadora.
"A mí me pasó que no tenía idea de informática y debía rendir el examen bien. Me senté en la PC que dejó otro alumno, cuando terminó de hacer su trabajo. Me puse a mirar y... ¡estaba su examen grabado! Lo copié, pegué y listo...", señaló, fuera de récord, una estudiante, que aspira a ser ingeniera en Estados Unidos.
Las instituciones académicas tienen serias políticas correctivas para los alumnos cometen tal práctica. Ejemplo de esto lo es la Universidad Estatal de Oklahoma, que entiende que suministrar información a otros alumnos sobre un examen, del modo que sea, constituye una falta que viola la integridad académica, y se paga con un cero o una F.
Aún así, quienes se arrepienten de haber copiado tienen una ventaja. Jessica A. Kerby y Phillip Johnson, de la Western Michigan University hicieron un estudio donde se demostró que quienes copiaron y lo dijeron obtuvieron un mayor grado de perdón además de sacar sus emociones negativas afuera.
Por su parte, el reglamento de la Universidad de Yale establece que "una forma de engaño es copiar respuestas de otros estudiantes, o referirse sin el permiso escrito a las notas, libros, computadoras, teléfonos portátiles, u otros dispositivos electrónicos programables. Además, el uso de teléfonos portátiles para discutir u obtener respuestas de otro estudiante, ya sea que esté presente en la sala de clase o no". Lo antes expuesto, en la Universidad, además de estar prohibido representará una sanción para el estudiante que lo cometa.
Fuente: CollegeHumor.com
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