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Qué es la ansiedad y cómo combatirla

      
Autor: Rennett Stowe  |  Fuente: Flickr

En los tiempos de la prehistoria, la humanidad se veía expuesta a constantes peligros: animales salvajes, inclemencias del clima, convivencia violenta, solo para nombrar algunos. Por este motivo, el cuerpo desarrolló un sistema de respuesta que nos prepara lo mejor posible para lidiar con estas situaciones adversas.

 

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Cuando de repente tu corazón late más rápido, tus músculos se tensan y te sientes más alerta, es que tu cuerpo se está preparando para huir rápidamente o luchar, físicamente, contra el peligro. Hoy en día nuestra sociedad es más civilizada, y las amenazas que provocan estas reacciones suelen ser menos violentas o letales que las que enfrentaban nuestros ancestros a diario.

La perspectiva de un examen oral, el primer día en un nuevo instituto o empleo o una presentación donde tendrás que hablar frente a muchas personas son situaciones que probablemente no vayan a poner tu vida en peligro, pero definitivamente pueden desencadenar estas reacciones en tu cuerpo. A este mecanismo defensivo es que llamamos ansiedad.

A diferencia del miedo, que se dispara frente a los peligros del presente, la ansiedad comienza a actuar frente a situaciones que aún no han ocurrido. No obstante, es un mecanismo que puede causar el mismo efecto en nuestro cuerpo que si nos estuviéramos enfrentando cara a cara con una amenaza letal.

 

¿Qué pasa cuando nos sentimos ansiosos?

Si estuviéramos cara a cara con una serpiente venenosa, tendríamos solo dos opciones: huir o intentar pelear contra ella. Por este motivo, tal como explica el portal científico Student Science, nuestro cuerpo lleva a cabo una serie de hormonas que nos permiten prepararnos para ello: la sangre se dirige rápidamente a los músculos de las piernas y los brazos, lo que les brinda el oxígeno y los nutrientes necesarios para enfrentarse al peligro. El corazón late más rápido, comenzamos a sudar y nos sentimos más alertas.

No obstante, cuando estas reacciones se desencadenan frente a situaciones que pueden ocurrir o no, nuestro cuerpo no sabe cómo liberarse de ellas, tal como lo haría frente a una situación de peligro inminente. Al no tener que luchar ni huir, no “descargamos” esas hormonas y sustancias “defensivas” y esto provoca sensaciones desagradables, como náuseas, mareos y dolores de estómago.

La ansiedad es perfectamente normal y todos la sentimos de un momento a otro. No obstante, algunas personas la sufren a un punto que llegan a enfermarse, abandonar por completo ciertas actividades y, en casos extremos, desarrollar trastornos de ansiedad como fobias, ataques de pánico, trastornos obsesivo-compulsivos y ansiedad social, entre otros. En estos casos, lo más recomendable es buscar ayuda profesional para determinar cuál sería el tratamiento adecuado.

 

¿Qué hacer frente a la ansiedad?

La próxima vez que sientas una sensación de ansiedad frente a la posibilidad de una situación que te genera preocupación, como un examen o una entrevista laboral, la psicóloga especializada en ansiedad de la Universidad de Columbia Británica, Lynn Miller, recomienda seguir estos pasos:

  • Respirar profundamente y relajar los músculos: esto devuelve el oxígeno al cerebro, que de esta manera se podrá deshacer de los neurotransmisores liberados como respuesta al estrés. Así podrás pensar más claramente. Además, al relajar la contracción de los músculos prevendrás contracturas, calambres, dolores de cabeza y hasta dolores de estómago.
  • Determinar la causa de tu malestar: una vez que sepas exactamente qué causa tu ansiedad, podrás dejar de preocuparte y comenzar a ocuparte. Piensa que está bien si lo que planeas no sale de manera 100% perfecta.
  • Si lo que te aqueja es la perspectiva de hacer algo frente a muchas personas, como cantar o presentar un tema, hazlo muchas veces en la privacidad de tu hogar. Con el paso del tiempo, te empezarás a sentir más cómodo con esta idea.
  • Enfréntate a tu miedo en pequeñas dosis: si temes a cantar en público, primero canta frente a tu mascota, luego frente a un familiar de tu confianza, luego a un pequeño grupo de amigos, y así sucesivamente. Nuestro cerebro comenzará a reconocer que no se trata de una situación amenazante.

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