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Una vida regida por los retos

      

Con una mirada llena de añoranza y de recuerdos, la educadora Ileana Rodríguez-García señala una placa ubicada a un costado de la entrada de la iglesia San Francisco de Asís, en el Viejo San Juan. Cuenta que ahí, en lo que ahora es una pequeña plaza que da la bienvenida al templo, se erguía la Academia Católica, donde ella estudió desde sus primeros años escolares y hasta su graduación de cuarto año.

 

La suya fue la última clase graduanda de la institución, pues el colegio cerró y el edificio fue demolido porque la infraestructura estaba muy deteriorada. 

 

Hoy mira el remodelado espacio y lo ve pequeño. Recuerda cuando jugaba con sus hermanos y compañeros de estudios y les parecía un “patio enorme”. La desaparecida institución se ubicaba justo al lado del recinto de San Juan de la Universidad Carlos Albizu (UCA), donde Rodríguez-García fungió los pasados siete años como presidenta.

 

Al bajar los escalones llenos de recuerdos de su infancia, un guardia de seguridad con uniforme de la UCA la saluda con una sonrisa amplia. Y la devuelve a un pasado más reciente, el de sus años al mando de la primera institución dedicada al estudio de la psicología en Puerto Rico. 

 

Los años entre San Juan y Miami

 

Rodríguez-García llegó a la universidad en 2007, tras vivir y trabajar por 27 años en la ciudad de Nueva York donde, según dice, estuvo “siempre con los ojos puestos en Puerto Rico y mirando cómo podía regresar y aportar”.

 

Cuando se le presentó la oportunidad de solicitar al puesto de presidenta tuvo sus dudas. “Pensaba que querrían a un psicólogo”, recuerda la doctora en educación universitaria y liderazgo académico. Sin embargo, al reflexionar sobre las necesidades de la institución, consideró que “ellos tienen muy buenos psicólogos, quizás lo que necesitan es un administrador y un líder universitario”.

 

Su preparación académica y experiencia profesional como profesora y administradora de centros de salud mental, colegios y universidades la convirtieron en la candidata idónea para lograr lo que se convirtió en uno de los retos más importantes de su carrera: “transformar la institución de una familiar a una que ya está fuera de la familia; traerla a que cumpla con las mejores prácticas dentro de la Academia”.

 

Para Rodríguez-García uno de los principales retos en esta aventura laboral fue trabajar con dos recintos con idiosincrasias diferentes. La UCA fue la primera universidad puertorriqueña en establecer un campus en la ciudad de Miami, Florida.

 

“Cada recinto es distinto, existía mucha separación. Así que debía llevar el mensaje desde el primer día, ‘somos una sola institución y los logros son de una institución,’” recuerda.

 

“Uno tiene que tener el sentido de saber cuando es necesario estar. Es importante tener un buen equipo de trabajo”, destaca la expresidenta y admite que en siete años casi no tuvo vacaciones o días libres porque si no estaba en un recinto estaba en el otro.

 

Entre sus logros principales como presidenta de la UCA, Rodríguez-García destaca la aprobación de tres propuestas federales que allegaron suficientes fondos como para modernizar la institución y comenzar la restauración del antiguo Cine Luna, en el Viejo San Juan, el cual se convertirá en las oficinas centrales de la universidad. Además de la expansión del currículo, la creación de un recinto virtual y la reacreditación de la Middle State.

 

Al mirar hacia atrás, Rodríguez-García siente la satisfacción de que los retos del pasado la ayudaron a superar los del presente y la han preparado para los del futuro.

 

Las décadas de desarrollo en la Gran Manzana “Salí de Puerto Rico con la idea de ir a estudiar y quería regresar lo más pronto posible”, recuerda la educadora sobre lo que se convirtió en más de dos décadas.

 

Mientras terminaba sus estudios de maestría y doctorado en la Universidad de Columbia, trabajaba dando clases en varios colegios y universidades de la ciudad de Nueva York, hasta que un alumno le comentó sobre un trabajo como directora ejecutiva de recursos humanos en el Lincoln Medical and Mental Health Center, en el Bronx.

 

Desde ese momento continuó escalando posiciones dentro de las administraciones de hospitales y universidades de la ciudad hasta llegar a ser la vicepresidenta de administración de la New York City Technical College, de la City University of New York.

 

“Fueron posiciones retantes. Yo era la más joven, la única mujer y la única latina,” enfatiza Rodríguez-García sobre los logros de sus años en Nueva York.

 

La dedicación a su carrera la compartió esos años con el trabajo comunitario.

 

“Me di cuenta que tenía que darle a otros y dejarle saber que podían hacer más,” y añade que “la enseñanza trasciende el salón de clase, trasciende los muros de la universidad. (La enseñanza) es llevar el conocimiento a las demás personas,” comenta, mientras recuerda varios casos de jóvenes que la inspiraron a seguir aportando desde la educación.

 

Así fue como comenzó “adoptando” a algunos jóvenes a los que ayudó a que completaran sus carreras universitarias. “Lo importante es identificar ese talento y llevarlos a transformarse y lograr que brillen,” dice mientras cuenta como ayudó al portero del edificio en el que vivía a realizar sus estudios en contabilidad y a convertirse en Contador Público Autorizado (CPA).

 

Con esa misma pasión por aportar conocimiento y compartir experiencias mira ahora su futuro abierto de posibilidades.

 

Un ramo de ilusiones para los retos por venir

 

“Lo mío es compartir conocimiento”, comenta con entusiasmo sobre sus aportaciones como comisionada de la Middle State Commision on Higher Education y presidenta de la Asociación de Colegios y Universidades Privadas (ACUP).

 

“Es importante que las universidades colaboren unas con otras. En vez de estar compitiendo debemos ver cómo colaborar unas con otras. Creo que las instituciones pueden hacer grandes aportaciones al Gobierno,” señaló.

 

Muestra de este compartir de conocimiento fueron los acuerdos de colaboración que como presidenta de UCA logró establecer con otras instituciones como Universidad del Sagrado Corazón, Universidad Central de Bayamón y la Universidad de Puerto Rico en Cayey.

 

Así mismo, destaca los acuerdos de ACUP con Aquanima, la reorganización y reglamentación del Consejo de Educación de Puerto Rico, el proyecto del fondo dotal, el proyecto del IVU, diversas alianzas con agencias del gobierno y organizaciones sin fines de lucro.

 

Ahora, Rodríguez se toma un tiempo de descanso y de reflexión para prepararse a asumir nuevos retos. Cuenta que tiene diversas ofertas, pero que está segura de que se quedará dentro de la Academia.

 

“Estoy tratando de reorganizarme, pensar y ver cuál es la oferta más retante,” comenta con alegría mientras camina sobre las adoquinadas calles del Viejo San Juan que la vieron nacer, crecer y desarrollarse en una educadora comprometida con el bienestar social de nuestra isla.

 

 


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