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Ricky se sinceró un día como hoy

      
He llegado a pensar que criticamos a aquello que no entendemos. En vez de exponer mis prejuicios como un criterio superior, busco entender las cosas que me causan desagrado. Con esto dicho, debo exponer que no soy fan de Ricky Martin. Nunca lo he sido. Cuando se me preguntaba por qué, mi respuesta era algo como: “no me como el cuento. Me parece demasiado actuado.” Actuado. Qué palabra más peculiar. No sabía hasta qué punto era acertada mi impresión.

Más que luces, espectáculos y bailes, siempre me ha gustado la música con letra bien pensada y cantada con una pasión innegable. Por lo general es música cantada por los autores mismos, pues nadie expresa las palabras mejor que quien las vive. Es por esto que Ricky Martin no caía entre mis artistas favoritos. No tenía nada en contra de la persona, simplemente no me interesaba. Recientemente, cuando surgió la oportunidad de verlo en concierto, sentí necesario ir en búsqueda de un mayor entendimiento.

Con la reciente noticia de su “salida del clóset” tenía en mente que podrían surgir temas afines. Al comenzar el espectáculo las pantallas mostraban al artista encadenado y luchando por salirse del enredo. La escena, aunque simple y quizás clichosa, logró conmoverme y prepararme para recibir al cantante cuando acto seguido apareció en el escenario. Sonreí y aplaudí como si hubiese sido mi mejor amigo el que se asomó a la tarima. Lo estaba felicitado por su liberación.

Las primeras escenas fueron impactantes, sensuales, atrevidas. Era como una terapia de shock para quienes no estaban acostumbrados al “ambiente”. Era definitivamente una liberación. Esto es una parte de quién es. Ya no lo iba a esconder. Ahora lo iba a mostrar sin más vergüenza. La historia del famoso se entrelazó con otras historias: la de uno de los bailarines y de uno de los músicos. Estas historias se entrelazaban con las de mis amistades, familiares, y aun con la mía. Eran historias de superación a pesar del rechazo. Era un mensaje de igualdad.  Tu=Yo. Comenzaba a entender mejor a la persona detrás del personaje.

Al volver a cantar las famosas viejeras sentía una angustia profunda. La letra estrictamente heterosexual que cantaba por tantos años me provocó tristeza. Vivir con el sueño cumplido a mitad realmente era estar atado entre cadenas. Era expresarse con canto y baile pero no lo que se sentía expresar con sinceridad. Era censurar lo que nadie aparentemente quería escuchar. Era estar mudo con ganas de gritar. Vivir mostrando sonrisas ante personas que te quieren por lo que solo piensan que eres. Actuado. ¿Cuántos de nosotros vivimos así de una manera u otra? Pude identificarme.

Aunque no habló mucho con el público, se expresaba claramente a través del espectáculo. Por fin estaba diciendo lo que quería decir. Saludaba al público con sus dos dedos de paz. Este es el mensaje de Ricky Martin. Vamos a entendernos. Vamos a llevarnos bien. Vamos a convertir este mundo en un lugar de amor. No está promoviendo pecado, libertinaje ni maldad. Está promoviendo el amor, amor en todas las formas que existe. Amor que reemplace al odio. Amor que concilia, entiende, acepta. Él quiere compartir ese amor con sus amigos, familiares, su pueblo puertorriqueño y el mundo.

Aunque el sonido musical no sea de mi gusto, me he encontrado últimamente cantando sus canciones con frecuencia. Me recuerda a Chavela Vargas, cuya música oigo con sublime fascinación. No comparto la pasión que ella siente hacia la mujer, pero disfruto de su sentimiento. Pienso que al explorar la sinceridad con su público, esta autora prontamente podría convertirse en una fan de Ricky Martin.

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