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Ser estudiante en Puerto Rico

      
<b/>Mario R Cancel, Sociólogo</b><br><b><a href=https://www.universia.pr/expresion/ class=blacklinks target=blank>Periódico Expresión</a></b><br><br>Lo cierto es que dicha percepción debe matizarse a la hora de formular conclusiones en torno a la cuestión de la dependencia. <br><br>Hacia el 2005 Puerto Rico recibía $9.5 millones en transferencias federales a individuos. Un 78 por ciento de las mismas, o sea, $7,647 millones, eran transferencias devengadas o derechos adquiridos por los puertorriqueños. Los fondos de Seguro Social o Medicare, por ejemplo, no son una dádiva federal sino el efecto de una retención sistemática de fondos a lo largo de una carrera profesional.<br><br>Sólo un 22 por ciento del total equivalente a $2.2 millones podían interpretarse como dineros no devengados. Se trataba en su mayoría de fondos para el Programa de Asistencia Nutricional y las Becas Pell. Los pobres y los estudiantes están en la médula de la noción de dependencia.<br><br>Lo cierto es que los datos informan menos de lo que dicen. En 2005 la relación entre Puerto Rico y Estados Unidos, mediada por las leyes de cabotaje y el mercado cautivo en un orden dominado por el mercadeo y la publicidad mediática, le generaba cerca de $30,000 millones al año a la metrópoli. La suma ha aumentado de modo consistente en la última década. El hiperconsumo ha hecho más eficaz la relación colonial a pesar de la desaparición de los privilegios fiscales como las 936. El neocapitalismo reverdece en la selva de la globalización.<br><br><b/>Ayudas federales para estudio</b><br><br>Las ayudas federales para estudiar se inventaron después de la Guerra Civil. Su relación con el mundo militar es tan obvia como la que guarda la Internet. A pesar de que la invasión de 1898 colocó a Puerto Rico dentro de aquel marco, no fue hasta el fin de la II Guerra Mundial, en la época de la Guerra Fría, que el sistema se generalizó. La amenaza del socialismo fue crucial para el proceso. Ello explica la creación del National Defense Student Loan Program de 1958.<br><br>La década de 1960, caracterizada por la rebeldía juvenil y el espíritu de ruptura, convirtió a las ayudas estudiantiles en un eficaz mecanismo de control de crisis. El carácter antimilitarista de las resistencias estudiantiles en aquellos es una clave interesante a la hora de evaluar aquel proceso. Las ayudas a los estudiantes podían servir para torcer el brazo de la oposición.<br><br>En 1964 se aprobó el Economic Opportunity Act y se creó el College Work-Study Program conocido como el Plan Lyndon B. Jonson. En 1965 el Higher Education Act conocido como el Título IV de la Ley de Educación Superior Federal revisó los estatutos. Reautorizaron el programa de 1958, aprobaron el Educational Opportunity Grant, crearon el Guaranteed Student Loan hoy conocido como el Federal Family Educational Loan Program (FFEL).<br><br>Aquellos programas quedaron bajo la dirección de la Oficina de Educación del US Department of Health and Human Services. Con posterioridad se creó la Basic Educational Opportunity Grant (BEOG), llamada Pell Grant desde 1981, la Supplemental Educational Opportunity Grant (SEOG) y la hoy inactiva State Student Incentive Grant (SSIG).<br><br>La revisión más importante del sistema correspondió al 1994 cuando la administración Clinton, fundó el William D. Ford Direct Student Loan Program que adjudicaba los fondos a las instituciones participantes sin la intervención de la banca comercial.<br><br><b/>Las ayudas y Puerto Rico</b><br><br>En Puerto Rico un estudiante tiene derecho a la Beca Pell, a los Préstamos Stanford, a las Becas Legislativas y al Programa de Estudio y Trabajo. Bajo condiciones especiales puede reclamar exenciones de matrícula. Los programas de honor o su participación en deportes y una diversidad de actividades extracurriculares como pueden ser bandas o coros institucionales justifican la petición.<br><br>La elegibilidad de un estudiante para la Beca Pell depende de la necesidad del estudiante, de lo que su familia puede aportar y de la cantidad de fondos asignados. La continuidad de la ayuda está en manos de su rendimiento académico y de la cantidad de créditos aprobado. La inscripción en servicio selectivo también. La conexión entre aquellos dos mundos nacida en el siglo 19 estadounidense nunca se ha roto del todo. En ese marco la ayuda garantiza la excelencia y la fidelidad del producto que genera: un universitario<br><br><b/>"No Child Left Behind" Los universitarios y Puerto Rico</b><br><br>El Plan Bush-Cheney para la educación, firmado en 2002, fue proyectado como una esperanza para los jóvenes universitarios. El mismo aumentaría el presupuesto de las Becas Pell hasta $12,900 millones para el año fiscal 2005. Sus promotores alegaban que ello ayudaría a 5.3 millones de estudiantes de familias de bajos ingresos a pagar por la educación superior; esto es, un millón de estudiantes más que en el 2001.<br><br>Los fondos federales para educación que recibiría el ELA alcanzarían en 2005 la cota de $1.4 billones, $243 millones más que en el 2001. Ese fue uno de los temas de campaña del Comisionado Residente en Washington, Aníbal Acevedo Vilá en su carrera para la gobernación en 2004. Para el universitario puertorriqueño significaría un tope de $577 millones para las Becas Pell administrados por el poderoso Consejo de Educación Superior (CES). <br><br><b/>Hay algo podrido en Dinamarca</b><br><br>Pero una cosa era el discurso festivo de Bush, Cheney y Acevedo Vilá, y otra las interioridades del proceso. Por un lado, los topes de ayuda se mantuvieron en $4,050 anual. En la práctica, la política implicaba ayudar a más gente con menos dinero a pesar del aumento constante de los costos de vida. Por otro, la revisión de las tablas de elegibilidad del Departamento de Educación Federal descalificaría a miles de familias trabajadoras de ingresos moderados -ente $15,000 y $35,000 anual- para la Beca Pell.<br><br>La <b><a href=https://www.upr.edu/home800.html class=blacklinks target=black>Universidad de Puerto Rico</b></a> -el ELA es un territorio pobre de América- es emblemática porque del 60 por ciento de los educandos que cualifican para la Beca Pell, solo un 40 por ciento recibían el tope de $4,050. De acuerdo con fuentes universitarias, un 47 por ciento del estudiantado verían una reducción en sus ayudas.<br><br>El asunto debe comprenderse en el contexto de que desde 2005, el ELA se encuentra empantanado por una "crisis legislativa" producto del "gobierno compartido" que ha creado las condiciones para una recesión generalizada. El desvío de la responsabilidad hacia el bolsillo del ciudadano/consumidor en la forma de aumento en los costos de los servicios y factura de impuestos a usos y consumos agrava la situación del estudiante/consumidor.<br><br>La situación es explosiva por que ahonda las ya tensas relaciones entre el estudiantado y la administración universitaria. El reverdecimiento del antimilitarismo en la época de la "guerra contra el terrorismo" es análogo al que caracterizó la época de la guerra fría. Irak recuerda a Vietnam, del mismo modo que Vieques recuerda a Culebra. La tregua no confrontacional que se abrió después de la huelga de 1981 corre peligro. La Rectora Gladys Escalona es una clave en todo este proceso de quiebra y la suspensión de los estudiantes involucrados en el asunto del Teatro de la UPR dará un giro peculiar a la situación.<br><br>En términos materiales el cambio podría estimular el recurso a los préstamos estudiantiles, o el ingreso en el ejército como una alternativa inmediata. Todo conduce a la instrumentación de un conjunto de consumidores para el mercado global y de voluntarios para la fiebre de guerra de la administración Bush. La profesionalización del ejército -el mercadeo la idea de las fuerzas armadas entre los sectores más necesitados- es una muestra de cómo se timonea a la juventud hacia los fines del sistema.<br><br><b/>Foto:</b> La elegibilidad de un estudiante para la Beca Pell depende de la necesidad del estudiante, de lo que su familia puede aportar y de la cantidad de fondos asignados.<br><br><b/>NOTA DEL EDITOR:</b> Esta es la primera de dos columnas que trata sobre los mitos y realidades de las ayudas federales que llegan a Puerto Rico, en momentos en que se vislumbra un aumento en los costos de matrículas de las universidades públicas y privadas del País.<br><br>
Mario R Cancel, Sociólogo
Periódico Expresión

Lo cierto es que dicha percepción debe matizarse a la hora de formular conclusiones en torno a la cuestión de la dependencia.

Hacia el 2005 Puerto Rico recibía $9.5 millones en transferencias federales a individuos. Un 78 por ciento de las mismas, o sea, $7,647 millones, eran transferencias devengadas o derechos adquiridos por los puertorriqueños. Los fondos de Seguro Social o Medicare, por ejemplo, no son una dádiva federal sino el efecto de una retención sistemática de fondos a lo largo de una carrera profesional.

Sólo un 22 por ciento del total equivalente a $2.2 millones podían interpretarse como dineros no devengados. Se trataba en su mayoría de fondos para el Programa de Asistencia Nutricional y las Becas Pell. Los pobres y los estudiantes están en la médula de la noción de dependencia.

Lo cierto es que los datos informan menos de lo que dicen. En 2005 la relación entre Puerto Rico y Estados Unidos, mediada por las leyes de cabotaje y el mercado cautivo en un orden dominado por el mercadeo y la publicidad mediática, le generaba cerca de $30,000 millones al año a la metrópoli. La suma ha aumentado de modo consistente en la última década. El hiperconsumo ha hecho más eficaz la relación colonial a pesar de la desaparición de los privilegios fiscales como las 936. El neocapitalismo reverdece en la selva de la globalización.

Ayudas federales para estudio

Las ayudas federales para estudiar se inventaron después de la Guerra Civil. Su relación con el mundo militar es tan obvia como la que guarda la Internet. A pesar de que la invasión de 1898 colocó a Puerto Rico dentro de aquel marco, no fue hasta el fin de la II Guerra Mundial, en la época de la Guerra Fría, que el sistema se generalizó. La amenaza del socialismo fue crucial para el proceso. Ello explica la creación del National Defense Student Loan Program de 1958.

La década de 1960, caracterizada por la rebeldía juvenil y el espíritu de ruptura, convirtió a las ayudas estudiantiles en un eficaz mecanismo de control de crisis. El carácter antimilitarista de las resistencias estudiantiles en aquellos es una clave interesante a la hora de evaluar aquel proceso. Las ayudas a los estudiantes podían servir para torcer el brazo de la oposición.

En 1964 se aprobó el Economic Opportunity Act y se creó el College Work-Study Program conocido como el Plan Lyndon B. Jonson. En 1965 el Higher Education Act conocido como el Título IV de la Ley de Educación Superior Federal revisó los estatutos. Reautorizaron el programa de 1958, aprobaron el Educational Opportunity Grant, crearon el Guaranteed Student Loan hoy conocido como el Federal Family Educational Loan Program (FFEL).

Aquellos programas quedaron bajo la dirección de la Oficina de Educación del US Department of Health and Human Services. Con posterioridad se creó la Basic Educational Opportunity Grant (BEOG), llamada Pell Grant desde 1981, la Supplemental Educational Opportunity Grant (SEOG) y la hoy inactiva State Student Incentive Grant (SSIG).

La revisión más importante del sistema correspondió al 1994 cuando la administración Clinton, fundó el William D. Ford Direct Student Loan Program que adjudicaba los fondos a las instituciones participantes sin la intervención de la banca comercial.

Las ayudas y Puerto Rico

En Puerto Rico un estudiante tiene derecho a la Beca Pell, a los Préstamos Stanford, a las Becas Legislativas y al Programa de Estudio y Trabajo. Bajo condiciones especiales puede reclamar exenciones de matrícula. Los programas de honor o su participación en deportes y una diversidad de actividades extracurriculares como pueden ser bandas o coros institucionales justifican la petición.

La elegibilidad de un estudiante para la Beca Pell depende de la necesidad del estudiante, de lo que su familia puede aportar y de la cantidad de fondos asignados. La continuidad de la ayuda está en manos de su rendimiento académico y de la cantidad de créditos aprobado. La inscripción en servicio selectivo también. La conexión entre aquellos dos mundos nacida en el siglo 19 estadounidense nunca se ha roto del todo. En ese marco la ayuda garantiza la excelencia y la fidelidad del producto que genera: un universitario

"No Child Left Behind" Los universitarios y Puerto Rico

El Plan Bush-Cheney para la educación, firmado en 2002, fue proyectado como una esperanza para los jóvenes universitarios. El mismo aumentaría el presupuesto de las Becas Pell hasta $12,900 millones para el año fiscal 2005. Sus promotores alegaban que ello ayudaría a 5.3 millones de estudiantes de familias de bajos ingresos a pagar por la educación superior; esto es, un millón de estudiantes más que en el 2001.

Los fondos federales para educación que recibiría el ELA alcanzarían en 2005 la cota de $1.4 billones, $243 millones más que en el 2001. Ese fue uno de los temas de campaña del Comisionado Residente en Washington, Aníbal Acevedo Vilá en su carrera para la gobernación en 2004. Para el universitario puertorriqueño significaría un tope de $577 millones para las Becas Pell administrados por el poderoso Consejo de Educación Superior (CES).

Hay algo podrido en Dinamarca

Pero una cosa era el discurso festivo de Bush, Cheney y Acevedo Vilá, y otra las interioridades del proceso. Por un lado, los topes de ayuda se mantuvieron en $4,050 anual. En la práctica, la política implicaba ayudar a más gente con menos dinero a pesar del aumento constante de los costos de vida. Por otro, la revisión de las tablas de elegibilidad del Departamento de Educación Federal descalificaría a miles de familias trabajadoras de ingresos moderados -ente $15,000 y $35,000 anual- para la Beca Pell.

La Universidad de Puerto Rico -el ELA es un territorio pobre de América- es emblemática porque del 60 por ciento de los educandos que cualifican para la Beca Pell, solo un 40 por ciento recibían el tope de $4,050. De acuerdo con fuentes universitarias, un 47 por ciento del estudiantado verían una reducción en sus ayudas.

El asunto debe comprenderse en el contexto de que desde 2005, el ELA se encuentra empantanado por una "crisis legislativa" producto del "gobierno compartido" que ha creado las condiciones para una recesión generalizada. El desvío de la responsabilidad hacia el bolsillo del ciudadano/consumidor en la forma de aumento en los costos de los servicios y factura de impuestos a usos y consumos agrava la situación del estudiante/consumidor.

La situación es explosiva por que ahonda las ya tensas relaciones entre el estudiantado y la administración universitaria. El reverdecimiento del antimilitarismo en la época de la "guerra contra el terrorismo" es análogo al que caracterizó la época de la guerra fría. Irak recuerda a Vietnam, del mismo modo que Vieques recuerda a Culebra. La tregua no confrontacional que se abrió después de la huelga de 1981 corre peligro. La Rectora Gladys Escalona es una clave en todo este proceso de quiebra y la suspensión de los estudiantes involucrados en el asunto del Teatro de la UPR dará un giro peculiar a la situación.

En términos materiales el cambio podría estimular el recurso a los préstamos estudiantiles, o el ingreso en el ejército como una alternativa inmediata. Todo conduce a la instrumentación de un conjunto de consumidores para el mercado global y de voluntarios para la fiebre de guerra de la administración Bush. La profesionalización del ejército -el mercadeo la idea de las fuerzas armadas entre los sectores más necesitados- es una muestra de cómo se timonea a la juventud hacia los fines del sistema.

Foto: La elegibilidad de un estudiante para la Beca Pell depende de la necesidad del estudiante, de lo que su familia puede aportar y de la cantidad de fondos asignados.

NOTA DEL EDITOR: Esta es la primera de dos columnas que trata sobre los mitos y realidades de las ayudas federales que llegan a Puerto Rico, en momentos en que se vislumbra un aumento en los costos de matrículas de las universidades públicas y privadas del País.

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