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Nuevos retos para el Consejo de Educación Superior y las universidades de Puerto Rico

      

Veamos primero educación superior y luego el retrato.

Educación superior es eso, educación superior. Quienes se afanan por la educación universitaria y se entregan a ella la entienden perfectamente, no importa en cuáles vertientes del saber humano. Educación superior desempeña el rol supremo en la culminación social, económica, y cultural de un país. Reside en ella la búsqueda de la verdad y la búsqueda de soluciones a los problemas que nos agobian. Ambas búsquedas se tienen que dar donde se garantice (1) la plena libertad de búsqueda (research) y (2) el pleno acceso a todas las ideas.  

Universidad es universitas: el todo, el total, el todo pensar, el universo, el mundo. Aunque ese todo es inalcanzable a una mente humana, a toda mente universitaria se le tiene que proveer la oportunidad de comprender hasta los límites de su alcance. La universidad es dar, no es recibir, y la excelencia académica se fundamenta en generosidad. Nunca se logra con mezquindades.  

Hoy cohabitan compartiendo territorio la academia por un lado y la industria de la educación superior por el otro. La verdad hoy es frecuentemente opacada y hasta mutilada por la aseveración políticamente correcta y por el pregón de lo electoralmente ventajoso. Las universidades debían enderezar ese entuerto y atreverse a decir cómo se nos está engañando, aunque a riesgo de que ello les pueda provocar entuertos a las propias universidades.

Las instituciones de educación superior tienen un mandato moral y social respecto a la verdad. La academia tiene que denunciar las políticas intelectualmente equivocadas con todo el rigor del intelecto. Nos duele reconocer que esa denuncia a veces no se hace ante la cautela de no malograr contratos y favores gubernamentales o políticos que parecen tener mayor valor que la honestidad intelectual.

Andamos muy conscientes de que vivimos en la era de la información y aplaudimos la tecnología que la facilita y maneja. ¡Claro que el conocimiento reside en el cúmulo de información! Pero nos olvidamos de que la sabiduría reside en el cúmulo de experiencias.

Viví momentos cuando quedó plenamente demostrado que ha habido más sabiduría en las universidades que en los gobiernos. A los que son mis contemporáneos les recuerdo aquella titánica pugna entre Luis Muñoz Marín y Jaime Benítez. O para mejor decir, entre Fortaleza y la Universidad de Puerto Rico.

Casi todos nuestros líderes gubernamentales, y todos menos uno de nuestros gobernadores puertorriqueños, han estudiado en universidades del exterior. Nos ha faltado un líder de gobierno que se afane por establecer aquí universidades imanes al mundo. Nos visitan estudiantes lingüísticamente desaventajados en busca de una educación norteamericana traducida al español. Pero, con muy raras excepciones acuden a nosotros universitarios buscando lo que nadie más les pueda ofrecer.  

Nos tenemos que forjar nuestro propio nicho. La población humana no ha hecho otra cosa que crecer. Hoy hay más gente que nunca. Hay análisis estadísticos que sugieren que hoy hay más gente viva en la Tierra que la suma total de todos los que se hayan muerto desde que el hombre es hombre. Habemos más vivos que los que jamás se hayan muerto. Es un hecho que la especie humana aumenta en un ambiente donde no aumenta lo que esa población necesita. Entonces, ¿qué mejor laboratorio para investigar y diseñar las estrategias de supervivencia de Homo sapiens que una isla sobrepoblada de sólo 100 por 35, isla totalmente carente de energéticos fósiles, y que importa el 85% del alimento que su gente consume? Somos los llamados a descubrir, a aprender, a diseñar y a enseñar las estrategias de cómo se sobrevive óptimamente ante las limitaciones del habitáculo.  

¡Sí! Puerto Rico está llamado a ser el laboratorio y prototipo de las mega-ciudades y de la mega-humanidad. Si nos enfrascamos en ese afán, la humanidad entera podría ser salvada por nuestros centros de educación superior, no por los gobiernos de confusión superior.


Retrato


Ahora al retrato. El retrato es de un puertorriqueño, académico, investigador, cuyo énfasis ha sido la defensa de todo lo que ha entendido necesario defender. He defendido la excelencia académica como he defendido el ambiente y como he defendido las causas y los proyectos en que he estado envuelto.  

Antes de que existiera una Agencia Federal de Protección Ambiental (EPA), una Junta de Calidad Ambiental, o un Departamento de Recursos Naturales, radiqué un recurso de mandamus contra el gobierno, el caso 0-69-179 resuelto por el Tribunal Supremo de Puerto Rico el 20 de abril de 1970, 99 D.P.R. 45, que culminó en que se me diera standing para defender el ambiente marino, aunque el mar no me perteneciera. Desde entonces cualquier ciudadano puede litigar en defensa del ambiente, aunque ese recurso sea de dominio público o propiedad privada.  

Participé como asesor científico en el litigio del Pueblo de Puerto Rico contra el ZOE COLOCOTRONI en 1977 reclamando remuneración para el estado por daños al ambiente marino provocados por un derrame de petróleo intencional en aguas de La Parguera. Esto fue, claro, en corte federal por tratarse de un caso de almirantazgo. Puerto Rico no tiene leyes de almirantazgo.

El tribunal federal en San Juan resolvió otorgar daños a favor de Puerto Rico.  

El libro History of the Federal Court in Puerto Rico destaca ese caso y asevera:

"This settlement closed a very important chapter in the history of the Federal Court in San Juan, by establishing case law on environmental damages caused by an oil spill —a first in the international community.  Henceforth, the polluter would be responsible for the clean-up expenses and environmental damages".

Ni la compensación del EXXON VALDEZ por más de $507 millones, ni la de British Petroleum en el Golfo de México de mil millones, ni el fondo federal de emergencia para derrames de petróleo, se hubieran logrado de no ser por ese precedente que sentamos aquí en Puerto Rico.  

Sí, ya tenemos millaje recorrido y en algo hemos sido los primeros internacional y mundialmente en asuntos ambientales.

 

Consejo de Educación Superior  

 

Ahora al Consejo. El Consejo de Educación Superior de Puerto Rico habrá de desaparecer tan pronto se confirmen los nuevos concejales al propuesto y ya aprobado Consejo de Educación de Puerto Rico y ese nuevo Consejo entonces se constituya.  

Triste poesía que la palabra Superior haya sido mutilada del nuevo consejo. Esto, a mi entender, responde a la Segunda Ley de Termodinámica, ley natural que dicta que El universo entero tiende hacia un mayor grado de entropía. Dice esa ley natural que tendemos hacia un mayor grado de desorden, de mediocridad, de randomness, de desorganización, de lo que requiera menor esfuerzo y mayor pérdida de energía, de mayor desperdicio y fracaso, de lo naturalmente más fácil. Esa es la Segunda Ley de Termodinámica. Las leyes naturales son difíciles de desobedecer.

Desapareceré yo como miembro, ya que una universidad cabildeó exitosamente para que el Senado no me confirmara al nuevo Consejo, y Fortaleza optara por no renominarme.  

En un momento dado, esa universidad entendió que no le estábamos dando suficiente "espacio" para cumplir con las normas atinentes a su licencia. Sin embargo, la institución nunca le reclamó a la otra entidad —a la acreditadora— ni pizca de "espacio" y sí fue diligente y afanosa en tratar de cumplir con las normas atinentes a su acreditación. Parece se olvida que la rendición de cuentas al pueblo de Puerto Rico, en el caso de las universidades, se hace a través de la licencia que otorga el pueblo de Puerto Rico.

En mi gestión defendí, pues entiendo es lo correcto, principios de excelencia académica. No menos merece la educación superior.

Escribí más de medio millar de columnas para un periódico cuyo logo era un faro, y cuyo lema era Shed light and let people find their own way  (Brinda luz y que cada cual se forje su propio derrotero). La educación superior viene obligada a ser ese faro que alumbre los derroteros que se forjen todos nuestros universitarios, tanto estudiantes como claustrales.

Es mi mejor deseo que el nuevo Consejo continuará defendiendo su mandato de ley de velar por la excelencia académica en nuestro país a pesar de las presiones de "ay, bendito" y de "dar espacio", y confío que, en esa excelencia académica, se continuará velando por la honestidad intelectual y por el rol afirmativo de la academia en el pleno ejercicio de su libertad académica y su deber académico.  

Ni el pensar universitario ni el señalamiento de la verdad pueden estar sujetos a presiones políticas.


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